Navidad y relax. ¿Compatibles?

Relacionar Navidad y relax, en muchas ocasiones resulta más difícil que relacionar navidad y estrés.

¿Conocéis los motivos?

Pensamos en vacaciones como ese período de disfrute con nuestra familia, donde por fin podemos pasar más tiempo con ellos, sin estrés, sin trabajo. Pero una vez que estamos en ellas, comenzamos a observar que realmente no es así. Sí hay trabajo y, normalmente, sí hay estrés.
Esto ocurre porque solemos idealizar nuestro período vacacional, donde solamente pensamos en aquellas cosas positivas, donde los aspectos negativos no los concebimos, hasta que, efectivamente los vivimos. Y es entonces, justo en el momento en el que lo estamos viviendo, cuando el estrés es mayor que en otras ocasiones. No porque sea un peor momento, sino porque no lo habíamos concebido dentro de nuestro período vacacional, no habíamos relacionado la navidad con el estrés. A todo esto hay que sumar esos compromisos sociales, que aunque no dejen de ser compromisos, nunca se nos pasaría por la cabeza dejarlos de lado. Y efectivamente, ocurre justo lo que estás pensando, vuelve el estrés.

¿Somos capaces de remediar este estrés?

Normalmente los más peques de la familia no tienen cole, lo que significa que durante toda la mañana tienen que haber un adulto que pueda estar pendiente de todas sus necesidades. Sin embargo, nuestro cerebro conecta el estar de vacaciones con pasar más tiempo con ellos. Sin tener en cuenta, que en ocasiones los adultos no tienen vacaciones durante el mismo tiempo, por lo que, normalmente, se pasa de “pasar más tiempo con ellos” a “buscar a alguien que pase más tiempo con ellos”. Y en ese momento, es cuando nos damos cuenta de que nuestro nivel de estrés aumenta, porque lo que queremos y lo que debemos está contrapuesto.
Todo esto no quiere decir que no seamos capaces de gestionar el estrés generado, lo único que tenemos que tener claro es que ese estrés, probablemente, no vaya a desaparecer de forma inmediata, ya que la situación va a seguir siendo la misma. Sin embargo, sí podemos gestionarlo a lo largo del día.

¿Cómo gestionarlo?

A medio y largo plazo, el estrés provoca graves daños, tanto en la mente como en el cuerpo. Muchas enfermedades físicas son fruto de ese molesto estado. Así mismo, el estrés bloquea, no deja pensar con claridad y puede afectar las relaciones humanas.
Siempre que no se trate de un caso demasiado grave, podremos gestionar las consecuencias que el estrés nos produce. Todo se reduce a hacer una pausa y aplicar uno o varios de los trucos que os contamos a continuación, entre los que están los siguientes:

  • Identificar el momento en el que comienza el estrés. Para de esta manera, poder poner un remedio en el momento indicado, como se suele decir, antes de que sea demasiado tarde. Ya que sino es así, comenzamos de forma inmediata a realizar conductas que realmente no queremos llevar a cabo. La forma de identificarlo es sencilla, es justo en ese momento en el que sientes algo de angustia mezclado con irritación. Suele haber tensión en el rostro, incluso en los músculos inmediatos al cuello.
  • Aplicar técnicas de relajación. Ya que de esta forma los síntomas físicos desaparecerán, y además conseguiremos volver a estar cómodos con nosotros mismos para, de nuevo, pensar con mayor claridad. La respiración suele ser nuestro gran aliado.
  • Desviar la atención. El estrés se asocia con respuestas de ataque, o de huida. Por eso, en el momento en que se presenta la atención se dirige a los focos que dieron origen a la tensión, sin embargo, cuanto más fijes tu mente en esas fuentes de inquietud, más estresado vas a sentirte. Por ello es imprescindible conseguir desviar nuestra atención hacia otra circunstancia que en ese momento nos transmita tranquilidad, o neutralidad. De esta manera, una vez que haya destensionado nuestro cuerpo, y hayamos conseguido desviar nuestra atención, conseguiremos ver la realidad a través de otra experiencia.
  • Reinterpretar la experiencia. ¿Cómo está tu cuerpo? ¿Cómo le hablas a los de tu alrededor? ¿Qué pensamientos llegan a tu mente? ¿Cómo está tu respiración? ¿Cómo están los latidos de tu corazón? Todo estas preguntas son las que te debes hacer cuando consigas desviar la atención, ya que podrás observar como todas ellas te dan una respuesta menor que al inicio de identificar el estrés. Y lo más importante, ¿para qué lo estoy teniendo? Normalmente si una situación nos genera estrés, es porque una parta de esa situación no nos interesa lo suficiente, no es en el momento indicado o simplemente no lo teníamos planificado. Parar y ser consecuentes con lo que sintamos en ese momento hará que el estrés se reduzca de manera proporcional.
Ahora es el momento de disfrutar

Una vez que hemos gestionado ese estrés que nos ha causado una situación concreta, debemos saber que esa situación probablemente nos vuelva a causar esa sensación de irritabilidad. Por lo que, aunque estés pensando en no volver a vivir esa situación, en la mayoría de casos no solo depende de ti, por lo que piensa en otra situación. Piensa en alternativas para así poder disfrutar de ese momento. Porque quizá, te genere estrés ir a ver la cabalgata con la familia de tu pareja, pero también quieres disfrutar de la cabalgata con tus propios hijos, de forma que siempre puede existir una situación intermedia, donde el estrés esté más controlado, y sobre todo donde consigas disfrutar de cada momento con tus más allegados.
Por último recordad que cada momento, cada circunstancia, puede ser positiva o negativa dependiendo de la perspectiva desde la que se mire. Así, os dejamos un proverbio chino muy significativo para momento de estrés, de incomprensión o ansiedad.

Abundantes beneficios esperan a quienes descubren el secreto de encontrar la oportunidad en la crisis” (proverbio chino).

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